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Viaje hacia Nostradamus

 

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Por fin salgo de Madrid rumbo al ambiente de un genio, rumbo hacia el aire que respiró. Todo ha sido rápido, tras apenas una hora y media, siento en mi interior el latir de una nueva tierra vecina mediterránea pero de diferente aroma. Comienzan las inquietudes y las prisas por llegar a pisar los mismos lugares que vieron pasearse a Nostradamus. El camino hacia el hotel se hace ameno, con un silencio propulsor del misterio. No da tiempo el mismo día para comenzar a ver las calles de Salon de Provenza, debo retrasar mi aventura tras consumir el sueño. La noche pinta extraña, no niego que durante su silencio me pareciera escuchar su voz.

Por fin sale el Sol y abro los ojos en otro mundo, parece el siglo XVI, ¡mira por hay suena un pastor con su rebaño y el replicar de unas viejas campanas! Salgo, me dirijo a una plaza llamada Ancianne Halle y veo en su segunda planta a alguien que me observa, silencioso pero constante, con un rostro firme pero amable. Parecía esperar mi llegada, parecía reconocerme y sentir deseos de hablarme. Yo estaba desubicado, no sabía cómo reaccionar y de repente, una voz grabe y penetrante, dijo: Cesar hijo mío sube que ya es tarde. Con un temblor corpóreo mi mirada se mezcló entre el aire y la suya. No pude retraer mis ganas de conocerle y mis pies ganaron la partida a la razón. Entré por una puerta majestuosa y amplia con un escudo de armas grabado en la puerta, parecía un águila y una rueda de carro y se podía leer "soli deo". Al entrar una dulce joven me abre la puerta, su cabello rubio, piel clara y ojos de miel, amenazan con enamorarme. La bella joven me dio paso a un gran salón con unas escaleras de caracol a la derecha que parecían llevar al mismo cielo. Con una voz dulce como el canto de una alondra parece anunciar mi llegada; Señor Michel ya ha llegado Cesar, el tan esperado. Como si todo no me pareciera extraño, me limité a seguir con un papel que no comprendía. Me señaló con sus dedos que me sentara en una vieja silla con reposaderos de cuero añejo, eso hice, y esperé ya más confortado. No pasaron ni unos minutos cuando una fuerte tos estruendosa, me hizo dar un respingo, tras mirar a ambos lados del salón dirigí mi mirada hacia la escalera de caracol y aprovechando que la joven se perdió entre las paredes color acre, me puse en pie y me acerqué a la escalera. Parecía no tener fin, se roscaba y roscaba teniendo como punto central una luz suave pero intensa que destellaba. Puse el pie varias veces en el primer escalón, pero una y otra vez retrocedía. Finalmente, decidí subir, ¿por qué para qué sino había entrado? Paso a paso, segundo a segundo fui ascendiendo hacia la luz, a veces parecía que iba a apagarse. A los lados dejaba atrás viejas habitaciones que se perdían en la oscuridad, parecían vacías, pero creí haber escuchado griteríos de niños jugando y riendo. Sobrepasé una planta y la luz se hacía más clara y concisa. Seguí remontando el monte del misterio y me topé con una puerta de madera gruesa, estaba cerrada o al menos lo parecía. Cuando me dispuse a abrir el pestillo, nuevamente la tos seca me sorprendió y paró mi valentía por unos segundos. Mi mano seguía el camino lógico y abrió de sopetón el pestillo dejando colarse por todos los extremos de la puerta una luz suave pero cegadora. Antes de dar el siguiente paso, una voz dijo: Por fin hijo mío te presentas ante mi cara nublada, te he esperado más de quinientos años y aún te reconozco mío, mi sangre, mi hijo. Tanto tiempo suplicando que a aquel a quien relegara mi trabajo entendiera mi esfuerzo a través de una simple carta; y lo hiciste hijo mío, valla si lo hiciste. Ahora son los otros quien deben entender que mi legado es una advertencia fiable y temible de una nueva guerra entre religiones que puede acabar con la raza humana para siempre. Deben comprender, que esto ya sucedió, y que aunque el destino parezca lejano, en un instante se mostrará preciso. Tú Caesarem ya has terminado tu trabajo, ahora es la razón la que hará el resto. Duerme, ya sólo duerme y no te desveles, tu cometido ha terminado. Te doy las gracias por las horas dedicadas y el sufrimiento oculto que has soportado, te aseguro que finalmente servirá para algo, descansa hijo mío, descansa. Tras estas palabras todo se oscureció y lo que parecía el escenario de otra vida se disipó en la habitación de un viejo Hotel. Sí, estaba soñando, mis ganas por buscar lo extraño me habían jugado una mala pasada; ¿o quizás no? El repicar de unas campanas fue el encargado de devolverme a la realidad, abrí los ojos y recobré la compostura, había sido una larga noche. Me vestí, coloqué mi escaso equipaje y me dirigí a desayunar. Tomé un café con leche y unas tostadas, todo muy bien presentado al estilo francés. El gerente del Hotel Vendome fue muy amable y me indicó donde dirigirme para llegar al primer destino de este esperado viaje.

 

La Mansión de Nostradamus

La casa o Maison de Nostradamus está situada en una estrecha calle llamada Rue Nostradamus, consta de varias plantas, y es mucho más amplia de lo que parece a primera vista.

 

 

En la primera planta nada más entrar, podemos ver la famosa figura de Nostradamus sentada y escribiendo uno de sus primeros trabajos, el Horus de Apolo.

 

 

En esta estancia se encuentran los souvenirs, por así decirlo, pero también podremos disfrutar de una buena colección de sus diversos escritos, como almanaques que sorprenden por su pequeño tamaño y copias de las centurias junto a reproducciones varias. También se pueden comprar unos pequeños libritos encuadernados en anillas que tratan diversos temas relacionados con Nostradamus, están bastante bien y si dominas el francés conocerás cosas importantes que poco se conocen sobre la Mansión y los textos de las confituras u Horus de Apolo. La visita dura unos 40 minutos y cuesta unos 5€. La señorita de turno se encarga de poner un audio en tu idioma que te guiará por toda la estancia limitándose el tiempo a la finalización de dicho audio. Primero, subirás unas escaleras de caracol prácticamente en vertical, y así, irás accediendo a las diversas habitaciones de la mansión que conforme avanzas se van iluminando. Lo que se puede ver, la verdad, es un poco pobre, sólo verás muñecos y muebles de dudosa procedencia. La visita relata la vida de Michel desde su más tierna infancia hasta sus últimos días. Pero el lugar que más sorprende es la última planta donde se supone que Nostradamus escribía sus centurias y estudios. Esta habitación es la más lograda, casi parece que ves al mismísimo profeta sentado y escribiendo sus predicciones. La habitación está protegida con una gran luna de cristal seguramente para evitar las malas tentaciones de acercarse demasiado. Lo cierto es, que una vez que te sumerges en el interior de esta residencia puedes notar que, aunque poco quede ya de la vida cotidiana de Michel, su presencia parece abitar algunas dependencias y por ejemplo, la sensación que uno tiene sentado en la sala dedicada a la astrología que está situada prácticamente en el medio de la mansión, es difícil de explicar.

 

 

Cuando se termina la visita, si nos dirigimos hacia la plaza colindante llamada Ancianne Halle, podremos ver una escultura nada favorable de lo que parece ser Nostradamus y, lo más destacable, una gran pintura mural que ocupa toda una fachada. En esta plaza se puede comer bastante bien y encima con el aliciente de hacerlo en la mismísima puerta de la casa del profeta francés.

 

 

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